Mil años de software privativo

Medio de casualidad, como suelen pasar estas cosas en el Fediverso, me encontré con la publicación -de alguien que no sigo ni me sigue, esa fue la gran casualidad- pidiendo ayuda para su primera instalación de GNU/Linux.

Por el contenido de sus posteos, la persona daba a entender recién empezaba a aprender -e interesarse- qué es el software libre y porqué es importante despegarse de los monopolios. Su duda era básicamente por dónde empezar: qué distribución elegir, cómo encarar la instalación, qué cosas tener en cuenta.

Mi sugerencia, casi sin dudarlo, fue que empezara probando con Linux Mint o con Ubuntu, dos distribuciones pensadas para principiantes o bien para usuarios y usuarias que necesitan tener todo más o menos resuelto. Estas distros se suelen adaptar muy fácilmente a cualquier equipo, lo que también consideré una ventaja para alguien que, al estar empezando, seguramente no sepa instalar los complementos necesarios.

Para mi sorpresa, quedé enganchada en un hilo de respuestas donde las sugerencias iban desde Trisquel hasta Tails. Sí, para una persona que nunca en su vida había instalado una distribución GNU/Linux. En pocas líneas, estos usuarios y usuarias del Fediverso tuvieron la necesidad de desplegar una cantidad de conocimientos técnicos totalmente inaccesibles para alguien que recién empieza.

¿Alimentaron su propio ego? Seguramente. ¿Les interesa que la gente “de a pie” empiece a usar Software Libre? Lo dudo. Con estas estrategias, nos esperan mil años de software privativo.