ARTE POETICA

La poesía habita el mundo, el poema habita sus versos. Los versos tambien son mundo. La poesía es mi karma, mi piedra en el estómago, mi gozo absoluto, mi impronunciable deseo. Y sin embargo, odio la retórica excesiva de los sentimientos, las palabras arrojadas al precipicio de los significados, porque cualquier cosa puede significar cualquier cosa. Creo en el poema como la extensión de algo más, algo que no se puede confesar abiertamente, y sin embargo, algo imposible de borrar. El misterio no reside en el poema. Habita en la luz, en la gota de agua, en la estrella peregrina. Nosotros somos meros instrumentos de la poesía. Y el poema es la herramienta. Un medio para comprenderla y hacerla vivir entre nosotros. A veces, la inextricable madeja de símbolos nos impide ver el fondo de su verdad. Pero, ¿cuál es la verdad? Cambia cada vez que se pronuncia, cada vez que cuestiona el mundo, cada vez que lo conjura. No sé para qué escribo todo esto. A nadie le importa dónde se encuentra la magia, o si la magia existe, porque la evidencia de su influjo es escasa. Lo único, lo tangible y lo cuantificable, se resuelve sin misterios. El conocimiento ha sido decodificado, organizado, estructurado en un sistema que resuelve los problemas con un solo clic. ¿Para qué necesitaríamos de la invocación de los versos, de la escucha, de las viejas historias? La pantalla es el nuevo placebo, la nueva droga que nos aleja del peligro, y nos evita el sufrimiento. Si el poema desaparece de este mundo una vez que nos hayamos despojado del cuerpo físico, de nuestras sensaciones primitivas para acceder a otro nivel de conciencia, si la poesía se convierte en otra respuesta calculada de la memoria universal y transparente, ya no quedará espacio para lo ignoto, para nuestro mayor misterio. Entonces, la poesía habrá muerto con nosotros, con nuestra animalidad, con la posibilidad de convertir lo cotidiano en un objeto poético, con todos los sentimientos que nos hicieron humanos alguna vez.

Imagino que este texto también desaparecerá. O tal vez, se habrá perdido como una botella en el océano, esperando en vano su destinatario, en un mundo extinto, que nosotros habremos deshecho.